Os cuento: así fue mi road trip por la costa que casi no hago

Carretera sinuosa con vistas al oceano

Os cuento una cosa: este viaje estuvo a punto de no pasar. Tenía el coche de alquiler reservado, la ruta más o menos pensada, y dos días antes de salir casi lo cancelo por el típico «no tengo tiempo». Menos mal que no lo hice, porque acabó siendo uno de esos road trips que se quedan grabados.

El plan (que cambió a las dos horas)

La idea era simple: bajar por la costa parando en pueblos pequeños, dormir donde pillara y no reservar nada con más de un día de antelación. A las dos horas de arrancar ya había cambiado la ruta porque un local me recomendó un mirador que no salía en ningún mapa. Así empezó todo.

Lo que más me sorprendió

Ven que te enseño lo que de verdad me dejó con la boca abierta: no fue el sitio más fotografiado de la ruta, sino un pueblo diminuto donde paré solo a repostar y acabé quedándome a comer porque el olor que salía de una cocina de barrio no me dejó seguir conduciendo.

Tres paradas que repetiría sin pensarlo

  • El mirador que no sale en Google Maps, al que solo se llega preguntando.
  • Un chiringuito familiar donde el pescado lo traían directamente del barco.
  • Una cala a la que hay que bajar andando veinte minutos, pero que vale cada paso.

Lo que aprendí (otra vez)

Los mejores viajes casi nunca son los que van según el plan. Si algún día dudáis entre quedaros en casa o tirar para adelante con un viaje que os da un poco de pereza organizar, mi consejo es siempre el mismo: id. Luego me contáis.